Maestro en Educación Musical, trompista, director e inventor de música.
I. 1ª impresión: Curación de contenidos, anotaciones y reflexiones sobre el libro «¿Cómo aprendemos?» de Héctor Ruíz
I. 1ª impresión: Curación de contenidos, anotaciones y reflexiones sobre el libro «¿Cómo aprendemos?» de Héctor Ruíz

I. 1ª impresión: Curación de contenidos, anotaciones y reflexiones sobre el libro «¿Cómo aprendemos?» de Héctor Ruíz

Hace ya algunos libros (relacionados con la educación) que los pintarrajeo como si se tratara de un curso de formación importante. Y es que, básicamente, lo parece, pues cojo notas, pienso, reflexiono y aumento, como se habla en el libro, mi red (o andamiaje) de aprendizaje. Lo que viene a ser un aprendizaje activo.

Además, para consolidar todo lo que leo, siempre escribo un artículo o documento donde plasmo todo lo subrayado y lo comento, una estrategia de aprendizaje que también aparece en el libro: la evocación.

Lo primero que me viene a la cabeza al leer e investigar sobre todo esto (motivación, neuroeducación, metodologías activas, creencias, feedback, etc.) es… ¿Cómo es que llevo más de 10 años como maestro y no he tenido la oportunidad de conocer cómo aprendemos? ¿Qué nos mueve a aprender? ¿Qué nos motiva? ¿Cómo funciona el aprendizaje de nuestro alumnado (o cualquier persona)? Seguramente no sea el único, pero me llama la atención que no sea algo indispensable en la carrera de un docente o futuro docente. Es cierto que los avances científicos de los últimos años dan, ahora, esta posibilidad, pero… ¿Qué nos lo impide ahora? ¿Nos imaginamos a un cirujano que no esté actualizado exhaustivamente en los avances científicos de su materia?

Actualmente, numerosos docentes están en plena formación de recursos y herramientas digitales dispuestos a romper la brecha tecnológica que existe en educación que se ha hecho evidente con el trabajo telemático en el Estado de Alarma que ha sufrido el país. Una formación que se ha visto necesaria y urgente para poder abarcar otro posible confinamiento u otra educación en el que la tecnología nos permite estar, en cierta medida, conectados con nuestro alumnado. Lo triste es que lo hacemos no porque nos permita acercarnos a su mundo digital y poder educarlos en ello, sino porque nos hemos visto perdidos (tecnológicamente hablando) durante el confinamiento y no hemos podido dar respuesta a nuestro alumnado durante meses.

Después de todo esto, pienso… ¿Acaso no es necesario y urgente que sepamos cómo motivar a los estudiantes? ¿Conocer el funcionamiento de nuestro cerebro y cómo aprende? ¿Lo importante de las creencias y el efecto Pigmalión? ¿Y el poder del feedback?

Urge.